Eterna Pfeiffer
LA ACTRIZ SE PREPARA PARA UN REGRESO
A LO GRANDE. TRAS UNA TEMPORADA FUERA
DE JUEGO, ESTRENA 'HAIRSPRAY',
DONDE COMPARTE CARTEL CON UN TRAVOLTA
TRAVESTIDO, Y ENCARNA A LA ANCESTRAL VILLANA
LARNIA EN 'STARDUST'
MICHELLE PFEIFFER TIENE SU PROPIA TEORÍA
SOBRE EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO: "Hay
una razón por la que se pierde
la vista a medida que uno se hace mayor",
explica. "Así
no puedes ver tu verdadero aspecto. Yo
apenas veo nada a estas alturas, así
que creo que me conservo bastante bien,
y los demás también".
Tiene razón, aunque sólo
a medias. Mientras los que la rodean conviven
con el desaliño y los ojos hinchados
propios de los bochomosos días
de trabajo, ella, con un top de Channel
color crema, una falda de tubo y tacones
Yves Saint Laurent, irradia ese brillo
de Hollywood propio de las grandes bellezas
de la pantalla. A sus 49 años,
Pfeiffer conserva una extraordinaria combinación
de chica explosiva y Venus rubia que le
permite reencamarse, con igual facilidad,
en la mujer fatal de Los
fabulosos Baker Boys (Steve
Kloves, 1989) o Batman
vuelve (Tim
Burton, 1992) y en la doncella
de hielo de peliculas como Las
amistades peligrosas (Stephen
Frears, 1988) o Yo
soy Sam (Jessie
Nelson, 2001).
Sin embargo, después de convertirse
en una habitual de las listas de las más
guapas y de haber rechazado tantos éxitos
como los que llegó a rodar (entre
otros Thelma &
Louise, El
silencio de los corderos o Instinto
básico), Pfeiffer desapareció
de Hollywood para ocuparse de los dos
hijos que tiene con uno de los productores
estrella de la televisión David
E. Kelley (Ally
McBeaI, The
Practice).
VUELTA AL TRABAJO
"Es cierto
que he estado un tiempo fuera, pero he
vuelto al trabajo en estos dos últimos
años", reconoce. "Lo
que ocurre es que es ahora cuando se estrenan
las películas, así que me
espera un verano fantástico. Cuando
no trabajaba me mantenía ocupada
sacando una familia adelante (su
hija Claudia tiene 14 años, su
dijo John, 12), tomando
decisiones sobre la casa, resolviendo
las cuestiones del colegio... Hasta he
ido a clases de pintura, así que
el tiempo se me ha pasado volando".
Es evidente que esa temporada alejada
de Los Ángeles le ha venido bien,
aunque se haya traducido en un bajón
en su currículo.
"Nunca estuve
mal en Los Ángeles, excepto por
todo el asunto de los paparazzi, que se
descontroló un poco... iY me parece
que me quedo corta!", ríe.
"Queríamos
un cambio, de ahí que nos mudáramos
al norte de Califomia. Es muy bonito y
el ritmo de vida es más tranquilo.
Allí vive gente muy dispar, con
rutinas totalmente distintas. Ahora tenemos
terrenos y caballos, y mi hija se ha convertido
en toda una amazona. Hemos cambiado de
vida", concluye.
Pfeiffer volvió al redil de Hollywood
este año, con la comedia romántica
El novio de mi madre,
de Amy Heckerling.
En ella compartía cartel con Paul
Rudd (protagonista de Lío
embarazoso, la película
que Judd Apatow
estrenará en el próximo
mes de octubre). "Paul
estuvo divertidísimo y encantador,
y Amy hizo un trabajo estupendo",
dice la actriz al respecto.
LA MALA DE LA PELÍCULA
Ahora está a punto de volver a
los cines, y además por partida
doble, con Hairspray
(Adam Shankman)
y Stardust
(Matthew Vaughn).
Hairspray,
que llegará primero, es una adaptación
del exitoso musical de Broadway, a su
vez versión del clásico
de John Waters
de 1988 ambientado en el Baltimore de
principios de los años 60. Lo más
complicado para la actriz no fueron, sin
embargo, los frenéticos números
musicales: "Ya
había interpretado a otros personajes
malvados, pero éste fue realmente
complicado", admite Pfeffer,
que encama a la justamente apodada sirena
de suburbio —y anti-integracionista—
Velma Von Tussle. "Un
día me di cuenta: '¡Oh, Dios
mío!, ¡Estoy interpretando
a una racista!'. Hablé con mi familia
para asegurarme de que entendían
que, para tratar el tema del racismo en
una película, alguien tenía
que hacer de racista, y que ésa
era yo. Les pareció bien. Lo entendieron.
Estoy encantada de haberlo hecho, ha sido
divertido a pesar de que algunas de mis
frases eran tan repugnantes que no era
capaz de recordarlas. De verdad, sabía
que era por eso. Cuando rodaba una escena
y llegaba una de esas frases, me quedaba
en blanco. Era interesante cómo
se comportaba mi cerebro".
HACERSE MAYOR
También en el lado oscuro, la
otra cara del retomo de Pfeiffer es la
menos doméstica e igualmente desagradable
Lamia, en la adaptación que Matthew
Vaughn hace de la novela de Neil
Gaiman. Se trata de una villana
de 5.000 años que necesita el corazón
de una estrella para retener su belleza
juvenil.
"No estaba
muy convencida con Stardust la primera
vez que leí el guión",
admite Pfeiffer. "Me
gustó, y realmente pensé
que podría ser interesante, pero
no tenía claro qué hacer
con el personaje. Me pasó lo mismo
que con la Velma, de Hairspray, que me
asustaba incluso sobre el papel. Pensé:
'Vaya, es tan mala todo el tiempo...'".
"Tuve que viajar
a San Francisco para hablar con ella",
confirma el director Matthew
Vaughn, que se llevó los
storyboards para convencer a la actriz.
Una vez a bordo, Pfeiffer se enfrentó
al papel con placer, a pesar de que se
vio obligada a pasar largas horas en maquillaje
todos los días. "Era
una pesadilla protésica",
dice sonriéndose. "Mi
personaje pasa de tener 5.000 años
a tener mi edad, y luego 5.000 años
otra vez. Lamia va detrás de la
juventud eterna, y está dispuesta
a hacer cualquier cosa para conseguir
su objetivo. Yo soy la mala de la película.
Bueno, en realidad soy sólo una
de los malos, que hay unos cuantos. Es
más, creo que Claire [Danes] y
Charlie [Cox] son los: únicos buenos".
Actualmente, Pfeiffer trabaja en un rodaje
más ligero, el de la comedia dramática
Chasing Montana
dirigida por Susanne
Bier. Al fin y al cabo, en esta
película, la actriz interpreta
a una mujer que realiza un viaje de descubrimiento
personal con su padre. Un papel con el
que está mucho más familiarizada:
no en vano está escrita por su
marido.
Aubrey Day
- Total Film
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Ellos son Ellas
DETRÁS DE TODO GRAN HOMBRE, HAY
UNA MUJER. MENTIRA, ES DENTRO. TRAVOLTA
ES EL ÚLTIMO EN SUMARSE EN 'HAIRSPRAY'
A UNA LARGA TRACICIÓN DE ACTRICES
POR FUERA, ACTORES POR DENTRO. COMO DIRÍA
OSGOOD: "NADIE ES PERFECTO"
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Hairspray
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Estreno 14 de
Septiembre
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Director:
Adam Shankman. Actores:
John Travolta, Michelle Pfeiffer,
Christopher Walken, Amanda Bynes,
James Marsden, Queen Latifah, Brittany
Snow.
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Una de
baile: Adaptación
de la película que John Waters
rodó en 1988, y que se representó
después en Broadway, narra
cómo dos promesas del baile
—y sus respectivas madres—
luchan por la codiciada corona de
"Srta. Hairspray" en el
Baltimore de los años sesenta.
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Sorpresa:
John Waters no ha, querido quedarse
fuera, y aparece haciendo un carneo
al principio de la película.
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John Travolta
Texto: Jordan Riefe
"Quería
que mi personaje fuera una mujer de verdad,
no un hombre disfrazado"
Tras encarnar a Danny Zuko en Crease
(1978) y a Tony Manero en Fiebre
del sábado noche (1977),
John Travolta (Nueva Jersey, 1954) reduce
sus bailes a contadas excepciones, como
el twist con Uma
Thurman en Pulp
Fiction (Quentin
Tarantino, 1994). Tras rechazar
varios musicales, ahora, por fin, cambia
el tupé por la melena, y regresa
para dar vida a Edna en Hairspray,
el remake de la película que John
Waters hiciera en 1988 para escarnio
de las buenas cotumbres. Ella (o él)
es una mamá más que entradita
en carnes. Aquí lo de mover el
esqueleto no hace justicia con el volumen
de masa corporal desplazado.
¿Después de esta película
ha cambiado tu manera de ver a las mujeres
y su forma de arreglarse?
No sé cómo
lo hacéis, de verdad. La pelicula
transcurre en 1962 y, evidentemente, entonces
había más accesorios; sujetadores,
corpiños... sobre todo si una mujer
estaba gordita. Pero sí recuerdo
que mi madre llevaba medias, ligueros,
faja, sujetador y tacones altos. Suficiente
para acabar agotado con sólo ponérselo.
De hecho, recuerdo que siempre estaba
agotada. Yo pensaba: "¿Pero
qué es esto? ¿Por qué
es tan agotador?". Pues bueno, 40
años más tarde lo he descubierto:
lo he probado y te deja hecho polvo.
En la película pareces muy femenino.
¿Cómo lo conseguiste?
Tengo una buena
escuela en mi vida, porque me crié
con un montón de mujeres fantásticas.
No sólo las de mi familia, sino
también en películas y en
el teatro. Todos hemos crecido viéndolas
y a mí me gustaba especialmente
hacerlo. Como actor siempre he intentado
fijarme lo más posible en ellas.
Eso no significa que pensara que en algún
momento iba a utilizar lo que observaba,
pero aun así les prestaba atención.
Acabas construyendo un banco de información
sobre ellas y al hacer esta película
eché mano de él.
Hace tiempo que no te veíamos
bailar en una película. ¿Has
disfrutado de volver a hacerlo o ya empiezan
a pesar los años?
Sí lo he
disfrutado. Fue cansado porque llevaba
puesto un traje enorme pero fue muy divertido
y me ayudó a recuperar la forma
y a perder peso. He sido Danny Zuko durante
35 años. Y, desde entonces, han
intentado meterme en musicales muchas
veces, entre ellos Chicago (Rob
Marshall, 2002)
que, por desgracia, rechacé en
tres ocasiones. Esta vez, me dijeron:
"No vamos a dejarte escapar. Vamos
a explicártelo hasta que te encante
la idea". Me llevó un año
y dos meses decidirme. Al final, después
de muchas reuniones, dije que sí.
Con un musical ocurre lo mismo que con
un western: son géneros minoritarios,
y tienes que tener muy claro cómo
hacer que funcionen, porque si no, no
lo harán. En este caso teníamos
todos los medios para conseguirlo, así
que acepté.
¿La única forma de competir
con Danny Zuko era interpretar a una mujer?
Sí, eso tiene
algo de cierto. ¿Cómo competir
con eso? Danny Zuko es uno de los mejores
papeles masculinos en la historia de los
musicales. Si repasáramos todos
sacaríamos otros dos o tres muy
buenos, poco más. Al principio
pensé: "No voy a arriesgarme
a echar a perder una estadística
así de buena sin estar totalmente
seguro". Si has hecho el musical
más importante de la historia,
tienes que tener una muy buena razón
para querer hacer otro. No quería
cometer el error de no estar a la altura,
y he tenido que esperar 27 años.
La mejor manera de volver a los musicales
era hacer algo inesperado y con un impacto
totalmente distinto, que no se pareciera
en nada.
¿Por qué crees que pensaron
en ti para este papel?
Pues la verdad,
después de 30 años de papeles
con un toque más, digamos, masculino,
me sorprendió bastante. ¿Por
qué yo? ¿Qué tenían
mis interpretaciones en Cara a cara (John
Woo, 1997) o Broken
Arrow: alarma nuclear (Woo, 1995),
para que alguien pensara que lo mío
era interpretar a una mujer de más
de 100 kilos? Yo les dije que los espectadores
ni siquiera iban a reconocerme. Y me contestaron:
"Sabes cantar y bailar. Y, como eres
tan opuesto al personaje, para el público
será más divertido, porque
vas a sacarlo adelante".
¿En algún momento temiste
no ser capaz de hacerlo?
Sí, me preocupaba
el físico. Tenía que ser
una mujer de verdad. No podía ser
un hombre disfrazado de mujer, así
que iban a hacer falta grandes pechos,
un trasero amplio, una cintura estrecha
y toda una serie de prótesis que
borraran cualquier rastro de masculinidad.
Si me las apañaba para conseguir
eso, sabía que sería capaz
de sacar adelante la parte de la interpretación
y el baile. Quería que mi personaje
fuera sexy, y por eso hice que me retocasen
un montón de veces el traje. Sé
cómo hacer que un movimiento resulte
más femenino que masculino. Así
que, con la ayuda del físico, sabía
que podría añadirle a mi
personaje las otras capas. Al final del
rodaje, miembros del equipo me hablaban
como si fuera una mujer, me ofrecían
asiento...
¿A quién catalogarías
como la chica más sexy del momento?
A mi mujer
[la actriz Kelly Preston].
Me gustan las mujeres bien construidas:
me casé con una mujer voluptuosa
y, ya de niño, estaba rodeado de
mujeres así. Entonces eran todas
de ese tipo: maravillosas mujeres como
Sophia Loren o Elizabeth Taylor, con cuerpos
de verdad. En mi opinión, y decir
esto puede traerme problemas, las mujeres
de Hollywood están demasiado delgadas.
¿Qué atractivo tiene una
mujer de talla cero?
Tu carrera empezó en Broadway.
¿Te han entrado ganas de volver?
Sinceramente, he pasado
en los escenarios desde los 12 a los 26
años, incluso seguí cuando
ya había empezado en el cine. Sé
que es un sacrilegio decirlo, pero ya
he pasado mis 12 o 13 años en eso
y es mucho trabajo. Las peliculas son
duras, no cabe duda, pero se acaban. En
Broadway, firmas por dos años y,
al final, preferirías estar cavando
zanjas de tanto repetir el mismo espectáculo.
Es como hacer 500 tomas. Llega un momento
en que ya no sabes qué hacer.
Grupos de defensa de los homosexuales
han tachado de poco honrado tu retrato
de Edna a causa de tus creencias religiosas
[como Tom Cruise, es fiel a la Cienciología].
¿Te has enterado?
Sí, lo he visto.
Y no hago de gay, hago de mujer. Así
que, la verdad, no creo que tenga nada
que ver. Puede que estén utilizando
esto para que se escuchen sus reivindicaciones.
Dicen que travestirse va contra tu religión...
No es algo a lo que mi
religión preste demasiada atención.
Es la primera vez que lo oigo y creo que
estamos hablando de dos cosas distintas.
¿Cómo has cambiado desde
Fiebre del sábado noche? ¿Qué
sientes al volver la vista 30 años
atrás?
Me siento mucho mejor
que entonces, más centrado. Era
un chiquillo, un niño joven y flaco.
¿Crees que ganar un Oscar es lo
único que le falta a tu carrera?
Bueno, yo tuve la suerte
de estar nominado en dos ocasiones, y
la gente piensa que he ganado Bueno, yo
tuve la suerte de estar nominado en dos
ocasiones, y la gente piensa que he ganado
las dos estatuillas: una por Fiebre del
sábado noche y otra por Pulp Fiction.
Es curioso... el público no recuerda
quién gana el Oscar, sino quién
está nominado; se acuerda más
de quién eran sus candidatos favoritos
que de los que resultan vencedores. ¡Soy
un vencedor moral!
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Crítica: Hairspray
VERSIÓN PARA TODOS LOS PÚBLICOS
DE UN CLÁSICO ALTERNATIVO
De qué va: En
EEUU hay concursos para todo. Entre otros,
el de Miss Hairspray por el que pugnan
a golpe de cadera la juventud estadounidense
de los años cincuenta. *
* 1/2
ESTE MUSICAL CARECE de pretensiones dramáticas,
sólo le importan las canciones.
Y eso es bueno, porque no se toma en serio
a sí mismo ni por un momento, a
diferencia de muchas películas
recientes basadas en material de Broadway
–Chicago, por ejemplo–. La
comparación tiene sentido, porque
esta Hairspray no es un remake del filme
original de John Waters, sino una traducción
bastante literal del montaje musical surgido
en 2002 a partir de ella. El respeto a
la fuente se nota para bien, porque el
director y coreógrafo, Adam Shankman,
no convierte los números musicales
en clips, y para mal, porque el conjunto
aqueja el rudimentario aspecto del teatro
filmado. Y es que Shankman muestra muchos
conocimientos acerca de la colocación
y el movimiento de los cuerpos humanos,
pero cuando hay que mover es la cámara
muestra tanta gracilidad como John Travolta
envuelto en látex, dando vida al
personaje que en 1988 interpretó
Divine y empeñado en dotarlo de
un falsete de voz femenina que se carga
su condición drag queen.
Hay otro problema: cuando Waters rodó
el original en 1988, estaba a punto de
renunciar al título de chico malo
de cine underground americano en favor
de una carrera más lucrativa como
icono de la cultura pop oficial. Sin embargo,
en plena era Reagan, el peinado era todavía
para él una forma de protesta política.
Los tiempos han cambiado, y para este
Hairspray, el nuevo, reivindicar el derecho
a ser diferente no tiene nada de contestatario,
al contrario: teniendo en cuenta los niveles
de descerebre alcanzados por la cultura
pop, sirve más para reafirmar el
mainstream que para cuestionarla
N. S.
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