Gente:
«Love field»:
Michelle Pfeiffer protagoniza otra historia
de amor
MICHELLE Pfeiffer,
la damita de los ojos felinos, ha vuelto
a engatusar al público americano
con su ronroneo dulce e inocente, aunque
no inofensivo. En «Love
field», un romance dramático
dirigido por John
Kaplan, Pfeiffer interpreta el
papel de una cándida esposa sureña
(Lurene) que se ve envuelta en una aventura
amorosa con un afroamericano. A pesar
del envoltorio, la película poco
tiene que ver con la filmografía
social de Spike
Lee. Kaplan evita con éxito
los recursos de la dialéctica de
la piel y consigue que la cuestión
racial sea un elemento más de la
historia, no su eje.
La película, a punto de estrenarse
en España, está situada
en el mismo día del asesinato del
presidente Kennedy. Tanto Lurene como
el palurdo de Ray (Brian
Kerwin), su marido, no son indiferentes
a los Kennedy. Ella los admira profundamente,
a Jackie en particular. Él, como
muchos de sus paisanos, ve en el presidente
«a un maldito liberal amante de
los negros» y amigo de los comunistas.
Consternada por el atentado, Lurene viaja
a Washington para asistir al entierro
del presidente. Durante el trayecto conoce
a Paul (Dennis Haysbert),
un hombre negro que viaja hacia el norte
con su hija Jonel (Stephanie
McFadden). Lurene se sumerge en
la realidad social de su país pero
no se impregna de ella, sino que continúa
imaginando dentro de su burbuja de ideales
y ficciones. Su candor y encanto originales
turban a Paul, un hombre condenado a la
realidad. «Hay
una gran diferencia entre estar aburrido
y ser negro», dice Paul a
Lurene, que se ha pasado la vida divagando.
Ella no se percata de lo peligrosa que
resulta una pareja mixta en un contexto
de racismo exacerbado del que se encuentra
totalmente abstraída.
Pfeiffer ha confirmado en «Love
field» su capacidad de
enriquecer diálogos con las innumerables
pinceladas y sutiles matices de su mirar,
rasgo interpretativo que distingue e inmortaliza
a las grandes actrices. Las legendarias
Betty Davis,
Marlene Dietrich
o Ingrid Bergman
traspasaban las pantallas con la elocuencia
de sus miradas. Hoy, Michelle toma el
relevo con dignidad para que la «retórica
de los ojos» no pase a la historia.
Íñigo
JAVALOYES
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